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Mensaje por Eulalia Ulloa el Mar Mayo 17, 2011 11:40 am

Había sido un día relativamente corto.

Se había levantado de la cama con bastante pereza, llevándolo a cuestas hacia la ducha donde se ha despegado de aquella vagancia de manera temprana. Ya con los ojos abiertos y la mente despejada se decidió por pasarse un poco el secador de pelo por su larga cabellera para que quedara ondulada y brillante, oliendo a una rica fragancia chocolateada pero sin ser excesivamente empalagosa, solo con el toque justo. Hoy se decidió por ponerse unos jeans ajustados de color oscuro, tirando ya al color negro. Además lo combinó con una camisa de manga corta sin cuello, dejando sin abrochar un par de botones para ofrecer al sol la piel que componía la zona del pecho, allí donde le salían las graciosas pecas que solo aparecían con la luz dorada del día. Se puso sus botines de tacón de color grisáceos y sin faltar ponerse el colgante que nunca olvidaba se encaminó a la salida con un bolso corto y negro.

La mañana había sido tranquila en el herbolario Natureza. Los mismos clientes día a día que pasaban a comprarla, otros a saludarla y preguntarla por su salud y sus ánimos y viceversa; y otros que nunca les había visto la cara que entraban por curiosidad, llevándose algo como recuerdo más que por necesidad. Y tras su trabajo decidió a media mañana cerrar para irse al bar al que siempre solía ir para descansar un poco, ya que después de todo era su tienda y por lo tanto su tiempo libre. Caminó ensimismada, mirándose coqueta en el reflejo de las ventanas de los mostradores, mirándose si iba perfecta para si misma; y colocándose el pelo pues una suave brisa que le recordaba a la zona costera la hacía bailar un par de mechones ondulados que se rebelaban contra el resto de pelo. con una sonrisa en aquellos finos y rosados labios, entró a la susodicha cantina mencionada anteriormente. Allí tomó un asiento libre que daba a la barra y saludó con un gesto y con una de sus sonrisas agradables al propietario y después a uno de los camareros.

¡Ey! ¿Qué tal, Eulalia? ¿De descanso en el curro?

Claro, ¿qué sino?

Ambos se rieron de manera gradable.

Ponme lo de siempre.

Lo de siempre era un licor de hierbas que siempre solía tomar tras las comidas, a diferencia de que ahora lo tomaba como copa y no como digestivo, pues aun no era la hora del almuerzo. Mientras esperaba su copa miró a su alrededor; adoraba esa taberna, era como de ensueño: vigas de madera a mitad del pasillo que daba a ser todo el cuarto del bar, con un toque antiguo y algo ambiguo, pero que en cierto modo le daba la sensación de cuando alguien familiar te da una cálida bienvenida. Incluso al fondo, donde se encontraban las mesas por si te quedabas en el bar a comer (pues tenía zona de restaurante), había una chimenea que por ahora nunca había visto encendida pero que de algún modo desprendía el olor a leña quemada, y eso le daba aquel toque hogareño que tanto ansiaba.

Cuando le sirvieron la copa hizo un gesto a modo de agradecimiento y se quedó allí, pensativa, en si ir o no a una de las mesas... Por sola que estuviera.
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Mensaje por Nick Ming el Sáb Mayo 21, 2011 3:38 am

* El amanecer de un nuevo día estaba lleno de tranquilidad en un viejo condominio. En la cama que apenas era una delgada colcha de seda y algodón con un almohadín de plumas para soportar la cabeza y una manta tejida para cubrirse de la brisa. El joven que descansaba estaba despierto hace un par de horas, pero jamás levantado. Con los ojos cerrados meditaba en silencio su mente y al terminar aquel ritual personal se levantó de la cama refrescando su cuerpo libre con agua durante diez minutos y de inmediato vestirse con un atuendo de jean gris, calzado deportivo, una camiseta de ejercicio gris y una chaqueta de cuero negra sin más accesorios. Solo guardó en el bolsillo interno de su chaqueta una cadena con dos extremos diferentes, su billetera y salió a la calle a caminar.*

* Caminó hasta el parque que le quedaba a unos tres kilómetros de la casa y observó la naturaleza sentado con las plantas juntas y sus palmas descansando sobre las rodillas flexionadas. Se tomó su tiempo para volver a encontrarse consigo mismo y unir más el conjunto de cuerpo, mente y espíritu con la meditación. Meditar de esa y de otras maneras le hacían bien para controlarse y dominarse mejor a sí mismo. Cambiaba su posición a estar de pié meditando del mismo modo mientras todos los transeúntes de alrededor también hacían sus respectivos ejercicios, aunque muy diferentes al tipo de disciplina que manejaba el joven con apariencia de rockero. Unas dos horas más se tomaría en sus ejercicios espirituales antes de decidir moverse hacia otro sitio saliendo del parque. Nada raro era que en la salida un grupo de mujeres gimnastas pasaran trotando cerca de él y tanto ellas como el joven se intercambiaban miradas por unos segundos; Sin embargo el camino del joven no se veía impedido por aquel encuentro.*

* Mientras andaba de nuevo por la ciudad estudiaba de su entorno cada detalle aunque en su marcha pareciera indiferente de su ambiente. Realmente no necesitaba ver al ser la vista simplemente un sentido más, y él tenía cinco más aparte de ese... Si, cinco contando con aquel al que aún no le ha dado nombre. En su andar se percató de un aura extraña que se desplazaba por la ciudad y no la miró directamente, sino que observó hacia un cristal reflectivo que daba con una vista suficiente hacia aquella figura. Detuvo su paso al observar dando la impresión de estar mirando un aviso de publicidad cuando en realidad veía la dirección de aquella misteriosa manifestación.*

* La había perdido solamente de vista cuando entró hacia un local peculiar que ya en horas superiores a la mitad de la mañana estaba listo para empezar a servir la comida de almuerzo a sus clientes, pero antes del mediodía estaba vacío; La ocasión perfecta. Dejó pasar segundos libres antes de empezar a moverse en la dirección que apuntó y mezclándose entre una multitud se perdería fácilmente de la vista comunal entrando con normalidad. La luz por un momento le dio en un solo lado del rostro antes de seguir andando y ser visto por otros focos, incluyendo los ojos de los pocos presentes. Con naturalidad se sentó en la barra y antes de que le preguntasen lo que quería se adelantó al pedido.* -Solo agua, por favor- * Inquirió con tranquilidad deslizando la mano siniestra por la barra con el puño cerrado y luego abrió la palma pegándola al tope de madera. Devolvió la mirada directa hacia los ojos de la dama presente de manera fija y sin variar su expresión buscando percibir un poco más que solo su imagen.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Sáb Mayo 21, 2011 1:55 pm

Miraba la bebida de manera algo como aburrida; en verdad no lo estaba, pero sí se encontraba pensando en sus cosas y apenas había probado trago, se había mojado los labios nada más recibir la copa y dejado reposar el líquido de sabor amargo dulzón en su fina boca. Aquel sabor la gustaba más cuando ya había caído al estómago dejando un gustillo en la garganta aun más rico que al palparlo con la lengua, o simplemente como había hecho hasta ahora, recorriéndole un brillo transparente por encima de sus labios.

El color era algo llamativo: un amarillo limón oscuro. Además de la botella, al rellenar el vaso, había dejado caer un par de hojas verdes de la rama de romero que se encontraba en el interior de la susodicha garrafa. Al verlas flotar por su bebida no pudo evitar sonreír atontadamente y acercarse la copa a los labios para ingerir nuevamente una pequeña cantidad y hacer que se le pegara a la piel uno de los pequeños trozitos de hoja; relamiéndose después con timidez y llevándoselo adentro de la boca, para así mordisquearlo cual ratón con una pipa. El sabor del romero era también algo que la gustaba mucho, picándola incluso la lengua y no por el hecho de que fuera picante, sino porque tenía un sabor especial a especia.

De pronto, sin darse cuenta, había pasado un cliente más al bar, uno fuera de lo habitual ya que ella que venía allí desde mucho nunca lo había visto, no a esas horas en especial, ya que ella solía venir a la hora de aquel instante. No pudo evitar echar una mirada al hombre, encontrándose así ambos. Ella se sorprendió un poco, y al mirarlo fijamente retrocedió la mirada con rapidez y poca cautela, avergonzándose por dentro por el hecho de haberle tenido que mirar de tal forma, sumado a que se sentía idiota por sentirse así, ¡y menos mal que apenas había tomado de su licor! Hoy sería un día de esos tontos: se lo aseguraba a si misma.

Nos vemos luego.

Alzó la voz a su amigo el del bar, haciéndole una señal y tomando su vaso, marchándose a la mesa aun vacía que había elegido para sentarse y de la que dudaba de si hacerlo o no. ¿Qué había cambiado? Simplemente aquel encuentro o más bien llamado cruce de miradas. ¿Por qué cambiarse por una tontería así? Porque Eulalia ya tenía sus 27 años y no debía estar haciendo el idiota como una preadolescente, que es lo que siempre hacía.

Ya en su nuevo asiento al fondo y al lado de la pared tomó la silla y se quedó allí, reposando y tomando otro trago, esta vez uno más grande y duradero. No podía evitar mirar en la lejanía a aquel que acababa de entrar, le daba no "mala espina" pero sí había algo raro en el chico... O quizás solo era una cara nueva. De todos modos decidió evadirse antes de tener que volver a casa y después de comer volver a abrir la tienda... ¡qué fastidio! Determinó que lo mejor era quedarse mirando aquel cuadro que se mostraba en la misma pared en la que su hombro izquierdo se apoyaba, un poco más arriba de su cabeza; alzó ésta y se quedó mirando el paisaje pintado dentro del marco, observando que se trataba de un campo lleno de girasoles y flores silvestres, donde se veía a una mujer agachada recogiendo violetas, amapolas, y margaritas. Eulalia no pudo evitar poner su codo sobre la mesa para así apoyar a su vez su cabeza en su mano, mostrando una sonrisa con un gesto amable, sin apartar sus verdes ojos del lienzo.
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Mensaje por Nick Ming el Dom Mayo 22, 2011 2:50 am

* Entre el encuentro bastó el poco tiempo en que contactaron ambas miradas para que el cliente recién incorporado confirmara lo que había percibido. Definitivamente era alguien con capacidades superiores a las de un humano normal; Desconocía el uso que pudiera darles pero a lo que pudo captar era una manifestación bastante pequeña. Su pedido había llegado; un simple vaso de cristal con agua helada la cual condensaba poco a poco su frialdad en contacto con el ambiente para adaptarse al mismo. Lo poco que había durado la observación mutua se debió a que fue la misma dama quien decidió retirarse dando una especie de despedida al dependiente del local. No le siguió con la mirada al saber que aquel repliegue involuntario podía deberse a su propio estigma presencial, y no era el acoso lo que buscaba.*

* Su mente observó el vaso de agua por unos momentos, el cual vibraba un poco, muy poco realmente. Solo se veía la transpiración helada a través del vaso que caía a los pies del copo a medida que iba drenando aquella energía de baja temperatura... El interés del joven por observar al agua era el valor que él conocía de esta cuando es el agua capaz de filtrarse en superficies que se dicen impenetrables y capaz de moldearse a cualquier recipiente que le contenga además de ser capaz de debilitar cuerpos lentamente y por último ser el elemento que da vida. De momento se dedicó a observar el escenario que tenía delante... Una barra con topes de madera, licoreras verticales y horizontales, algunos espejos útiles para mantener los ojos en todo el bar desde la posición del dependiente, las neveras con publicidad de licores y algunas con contadores digitales de temperatura, entre muchas otras cosas.*

* En silencio llevó sus manos a la altura del rostro sin tocarlo y cerró los dedos apéndice y meñique de cada mano mientras los dedos restantes los juntaba con sus pares homólogos (índice con índice, pulgar con pulgar y medio con medio) e inclinó un poco su cabeza hacia abajo tal como si estuviese pensando intensamente. De su cuerpo no se mostraba expresión alguna ni salían palabras, pero su mente estaba trabajando de un modo silencioso para mantener su práctica interna... Un extraño hábito que solía repetir en el momento que tuviese oportunidad cada cierto tiempo... Todo aquello transcurría mientras la dama retirada estaba contemplando la obra dentro del marco y mientras el vaso de agua se infundía del calor ambiental.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Dom Mayo 22, 2011 10:37 am

El jefe del bar le había puesto el agua a aquel tipo nuevo, y sin hacerle mucho caso y decirle un amable "aquí tiene" se marchó a seguir con sus cosas, decidiéndose acercarse a la adormilada Eulalia para darle coba y que no se durmiera, aunque le hacía gracia verla de aquella manera tan extraña (extraña porque nunca solía venir así al bar).

¿Qué te pasa Eulalia? ¿Es un día malo?

Ella alzó la mirada con una mente nublada, ensimismada, y no puedo evitar solamente un distraído "¿Eh?". El hombre se rió al verla de aquella manera, su bigote negro se movía cuando se reía y aquellos pelillos blancos canosos parecían querer salir disparados como dardos y caer al vacío.

¿Malo? ¡Para nada! Solo es que... A veces una se levanta de una extraña manera, con una sensación distinta a la de siempre y sintiéndote como en otro planeta. ¿Me entiendes Pepe?

El varón asintió con una sonrisa, acompañado de un movimiento con la cabeza, para arriba y para abajo asintiendo de manera concisa; mientras tanto seguía secando con un paño blanco de cocina un vaso largo que llevaba entre las manos, de cristal uniforme. Pepe, que así incluso apodaban al bar independientemente del nombre de éste, siendo así "el bar de Pepe"; le gustaba, o más bien, tenía la manía de llevar siempre un recipiente -en este caso un vaso- y darle brillo y más brillo, quedando una vajilla reluciente al final del día. Siempre que hablaba, fuese con quien fuese, parecía necesitar de su trapo y de sus cubiertos para tener algo que hacer entre las manos. Se le veía un hombre tranquilo y era muy simpático, pero era algo nervioso y seguramente era de aquellas personas que llegaban a casa y se sentaban, se ponían la tele y se pondrían a hacer algún Quiz o a hacer garabatos en un trozo de papel con un boli. Ella bien recordaba a un cliente suyo que era así, y siempre le contaba lo mismo una y otra vez de manera nerviosa, necesitando de que alguien escuchara eso repetidas veces.

De pronto se escuchó un plato caer al suelo y por el consiguiente romperse. Sonó limpiamente, haciendo incluso un leve eco en el ambiente que se quedó en silencio. Una pareja cuarentona que se situaba justo a la entrada, en una mesa, que hablaban de cosas de familia se puso en alerta, mirando tanto el hombre como la mujer a la par en dirección al plato roto. Pepe no se lo pensó dos veces y se fue a la barra más rápido que un haz de luz, mirando al torpe camarero y regañándole con un "ya van tres en esta semana, ¿qué es lo que te pasa?". El chico era joven y parecía nuevo en el negocio, siendo alguien tímido e introvertido, causándole eso esos problemillas. Eulalia sonrió al ver la regañina que le proporcionaba el jefe, Pepe siempre reprendía a la gente o les daba consejos, pero su manera de hacerlo no era gritando, sino hablando como de amigo a colega. Era algo digno de ver.

La fémina terminó su vaso y se dirigió a la barra, al lado de nuevo del joven nuevo, y dejó el vaso sobre la barra de madera. No pudo evitar inclinarse hacia adelante, dejando caer un par de mechones de pelo sobre el mostrador, y mirar curiosa.

No seas muy duro con él, Pepe.

El jefe la miró y no puedo evitar sonreír tontamente. Se llevaban muy bien e incluso aunque ella se metiera en medio de algo así él lo tomaría como algo de broma, incluso como si ella fuese su hija. Entonces ella no pudo evitar reírse.
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Mensaje por Nick Ming el Mar Mayo 24, 2011 4:13 pm

* Aquel momento de templanza consigo mismo era un raro hábito que conservaba desde la primera vez que se salió de control una parte de sí mismo que hoy día tiene dominada. Tuvo un momento de soledad dentro de su propio campo personal el cual era una metáfora. Ese momento se dio cuando el dependiente dejó la barra por unos momentos para ir con la joven que se retiró tan de pronto. Palabras sonaron y palabras escuchó el extraño, aquello era posible al saturar sus sentidos con la regularidad del entorno y al acostumbrarse a dicha regularidad podía detectar con más facilidad los sonidos o sensaciones que no estuviesen dentro de ese patrón de normalidad. Ese era uno de los beneficios de la paciencia y la meditación, solo uno. La puerta se abrió y solo desvió la mirada hacia uno de los espejos de la barra que reflejaba la entrada. Distinguió un par de formas que estaban hablando de algún asunto sin mucha importancia general los cuales de inmediato tomaron lugar en una de las tantas mesas disponibles. La naturalidad fue mermada por la melodía del quiebro de un cristal porcelanado que terminó su vida útil contra el suelo a manos de un joven aprendiz. ¿Quién podía culparle de aquella torpeza de novato? ''Menos mal y no creció en un clan de ninjas'' pensaría el joven extraño recordando algunas de las numerosas marcas en su cuerpo que crecieron con él.*

* El suelo era de nuevo martillado por la suela de un par de botas pero él no perdía tiempo en desvíos y seguía en su ritual mientras esperaba. El vaso ya estaba sudando del esfuerzo inútil de mantenerse frío fuera de su ambiente congelado. El índice diestro tocó el cristal del vaso a la altura del fondo donde reposaba la parte más fría del agua. Ya estaba en la temperatura adecuada para el primer trago y con tan solo la ayuda de los diestros índice y el dedo medio a modo de pinzas levantó el vaso hasta sus labios entreabiertos y lo inclinó un poco hacia sí mismo para beber un sorbo. Bajó el vaso de vuelta a su húmeda posición y contuvo un poco el agua sin agitarla en su boca, solo ladeando un poco para dejar correr la hidratación adecuadamente y al final tragando la ración con normalidad... Al menos este no era uno de esos momentos donde solo disponía de unas pocas gotas de agua.*

* Escuchando nuevamente sabía que el hombre no era duro con el aprendiz realmente, y por ello dejó que la conversación fluyera un poco dejando una pausa leve de silencio antes de proseguir dejando de lado su meditación que aparentaba ser un ensimismamiento.* -Debe aprender de su error. La razón por la que se cayó el plato de sus manos no debe volver a ocurrir.- * No miraba a nadie en específico pero sus palabras eran lo suficientemente claras y audibles para que los tres más cercanos a él escucharan. Se mantuvo tranquilo y se dispuso a oír opiniones nuevas antes de tomar de nuevo el turno de responder.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Mar Mayo 24, 2011 5:13 pm

Todo parecía quedar entre bromas y sonrisas, aunque el camarero estaba avergonzado intentaba pasar aquel mal trago frente a su jefe y a la dama que intentaba que no fuera demasiado malo para él mismo. Pero pronto una voz de entre los presentes más cercanos se oyó quebrando las risas y las tonterías con bastante seriedad, la de sus palabras, que decían que no debía de ocurrir más tal error y torpeza. Pepe, el jefe, se quedó un momento en silencio (como el resto) para después tragar aire y asentir al que había hablado.

Por supuesto que no debe de ocurrir más. Venga, Alberto, vete a por una escoba y un recogedor. Ten más cuidado para entonces.

Pepe cogió de nuevo su trapo blanco y limpio y aquel vaso que tanto había sobado y se marchó por una puerta que había en el interior, el que daba paso a la cocina, allí miraría si ya habían empezado a trabajar y si estaba todo en orden. El camarero, mientras tanto, observó al extraño y tan pronto como pudo asentirle al jefe salió con mucha rapidez hacia la misma puerta, de donde segundos después se mostraría una vez más con las herramientas para recoger el plato roto y dejar el suelo libre de pedazos cortantes.

Te dejo el vaso aquí.

Dijo Eulalia al barman respecto a su copa para que la recogiera. Mientras tanto, arqueó una ceja dándola una mezcla en el rostro entre duda y molestia, mirando al individuo aquel; sin dejar de apartar la mirada del extraño, quien no debía haberse metido, y aunque ella tampoco hubiese debido al menos no lo hizo con tan mala intención.

Disculpa, ¿Por qué has dicho eso?

No pudo evitar inquirir en el tema y preguntar por la acción del joven que solo había hecho que las cosas quedaran tensas, la situación en sí. Alberto no podía mirar a nadie a los ojos, e iba cabizbajo y bastante sonrojado. El pobre era bastante tímido e inseguro, además de que tenía una edad de no más de 19 años, por lo que si era su primer trabajo pensaría que se le había venido encima el mundo. Aunque el pensar de la dama sería que debía aprender a vivirla y ser fuerte, tampoco le daría lecciones al jovencito, sino su respectiva madre.

No sé... Eso es cosa del jefe, no tuya.

Apoyó parte de su brazo sobre la barra, dejando el peso sobre éste y sobre la pierna que tenía en tensión, estando el otro brazo y la pierna del mismo lado en relax. Su mano libre estaba apoyada en su cadera, en la zona de la derecha; y la pierna apenas apoyaba la punta del pie en el suelo, dejando flexionada la rodilla con ligereza. Así esperaba respuesta, la cual hasta que se formaba se hacía un breve silencio que se rompía con los murmullos de aquellos dos del fondo que parecían tener por fin un tema interesante del que hablar, aunque solo fuesen chismes provocados por la caída del plato y sus consecuencias.
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Mensaje por Nick Ming el Mar Mayo 24, 2011 5:49 pm

* Al haber soltado las palabras habría tenido varias interpretaciones de las mismas según el punto de vista, y habían tres diferentes. Con tan solo mantenerse paciente podía ver la reacción que causaba su opinión en cada uno de ellos. En el veterano hombre vio la aceptación y la transmisión de las palabras hacia el aprendiz de una forma diferente pero con igual significado; Aprender y enmendar el error. En el aprendiz vio una mezcla típica de nervios y leve temor pero como acción positiva estaba la ejecución inmediata del primer paso a su aprendizaje, a sabiendas de que otros errores podían ocurrir en el futuro. Finalmente analizó la reacción de la dama, quizá la más misteriosa de todas al estar seguida de un silencio sepulcral antes de inferir en él. La interrogante sería el primer halo de luz entre lo fría que fue su reacción en comparación a los demás... Lo suficiente para que el extraño acostumbrado a andar en ausencia de luz viera de qué se trataba.*

* Observó el reojo de la mirada ajena en uno de los espejos y dejó un espacio de silencio mientras se ponía cómoda sobre su lugar. Mismo tiempo en que estuvo a punto de dar un nuevo sorbo al vaso de agua que ya había drenado bastante de su helada transpiración al estar más en calma con el ambiente. Detuvo la probada sin levantar su semblante.* -La práctica hace al maestro. En las prácticas existen errores. Los errores se enmiendan. La enmienda enseña a perseverar. Perseverar otorga habilidad. La habilidad trae autoconfianza. Y la autoconfianza realza el espíritu del practicante.- * Las palabras del extraño sonaban como una especie de mantra o meditación, pero era una respuesta bastante acertada a lo que había pasado, lo que está pasando y lo que podría pasar.* -No hay que ser profesor para enseñar algo. Solo hay que desear enseñarlo y el aprendiz debe querer aprenderlo...- * No variaba del tonillo que traía desde la sopa de palabras que armó anteriormente.*

* Aún cuando sus palabras fluían de ese modo era algo natural en él aprovechar los momentos libres para mantener en flujo su fuerza interna. Reanudó su actividad física volviendo a probar el agua con calma y bebiéndola con disciplina interna antes de volver a la normalidad. Para su suerte esa fuerza interna era fría en el sentido de que se adaptaba con el ambiente para pasar muy desapercibida haciéndole lucir como un hombre común y corriente a nivel espiritual. Los chismes se habían alejado de su mente y solo estaba el resto del entorno y su nueva interlocutora con la que inició una conversación interesante, la cual esperaba mantener aunque sea un poco más.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Mar Mayo 24, 2011 6:16 pm

Se quedó observando al hombre en cuestión, parecía un chico joven y salido de algún tipo de entrenamiento, pues aunque con aquel atuendo no se mostraba en su totalidad se le veía musculado. También pudo ver con detalle como tomaba aquel agua, como si se concentrase por ello, como si bebiera no solo agua sino algo más, compenetrándose con ésta y ésta con él, pareciendo que se fuesen a fusionar en uno mismo. Espero con paciencia y algo seria, aunque en verdad estaba sumida en su vida de tranquilidad y su alma yacía serena, inalterable por el momento.

Y cuando al fin escuchó una respuesta ésta no se la podía haber imaginado en la vida. Hablaba como si estuviese dando una clase de yoga, recordándola a las que ella iba, pero sin recordar algo tan parecido como a lo que sus oídos acababan de oír. En un principio quedó un poco boquiabierta, pero sin expresión de sorpresa en su cara o en sus ojos, solo algo confusa y la duda se resignaba en ella. Pero tan pronto como se le generó incertidumbre no pudo evitar llevarse la mano libre, la derecha, cercana a su boca, ocultando ésta mas aun sin tocarla, no pudiendo sortear una pequeña risa por la escucha adquirida.

Lo... lo siento.

Intentó disculparse la dama ante su mala educación, y no es que siempre la tuviese, pero reírse de alguien y de lo que acababa de decir ese alguien, mas aun expresando sus pensamientos o emociones, era totalmente una falta grave, al menos dentro del campo sobre la educación que Eulalia tenía.

No pude evitarlo. Sonaste como el letrero de un anuncio de yoga o algo parecido. De veras que lo siento, no debí reírme... Aunque intenté contenerme, ¡lo juro!

Expuso su opinión sobre el por qué se había reído, con tal de que no sonara maleducada y que él viera que no quería faltarle en ningún momento. Recogió aire, inspirando y espirando, intentando así calmar su risa boba y volver a la normalidad. Sus ojos esmeralda se hallaban cerrados, intentando serenizarse de una vez por todas, consiguiéndolo en poco menos de un minuto, tras lo cual abría de nuevo sus luceros verdes y les indicaba a donde tenían que mirar, a él que seguía mirando su agua. ¿Un hombre cerrado? Así parecía ser. Eulalia no podía evitar mostrar una pequeña aunque dulce sonrisa con sus labios, añadiendo el entrecerrar de sus orbes dejándolos entornados para dar más expresividad a su gesto.

Nunca te he visto por la zona, ¿tienes nombre?

Seguramente se había expresado mal, ¡todo el mundo tenía nombre! Pero era solo un hablar para intentar escudriñar un poco acerca del misterioso joven, empezando por su nombre para luego así, si lo veía correcto, ofrecer el suyo y comenzar así una conversación. ¿Por qué? Por que le daba inquietud aquella presencia, algo tenía que la forzaba a estar en vilo desde que entró por la puerta del bar de Pepe.
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Mensaje por Nick Ming el Mar Mayo 24, 2011 8:29 pm

* Tenía razones para decir las palabras en esa forma. Y una de ellas era tan simple como el experimentar con la mentalidad de su acompañante sin incurrir al irrespeto. Observaba a través del reflejo pulido mientras hablaba. Así como lo sabía ocurrió la reacción ajena que empezó con esa sensación extraña que no llegaba al asombro sino que tendía más a la confusión y la duda, lo cual quizás despertara aún más el interés y/o la curiosidad. Lo que siguió fue una lucha contra sí misma por contener algo que no tardó en salir. El sentimiento de gracia que era tan inocente y jovial al punto de jamás poder ofender el sentido del extraño, pero el inicio de su risa fue capaz de hacer que volviera la mirada hacia su rostro directamente... Realmente no quería perderse esa expresión que salió victoriosa en el forcejeo metafórico. La explicación la entendió totalmente y su única respuesta a ello fue una sonrisa leve sin dejar la mirada ajena.* -Ni-Yan. Pero puedes llamarme Nick.- * Al presentarse su semblante misterioso había desaparecido de ese mismo modo místico y extendió su mano diestra hacia ella con total naturalidad mostrando un saludo formal y adecuado.*

* Tras el saludo que esperaba fuese correspondido escuchó y aguardó como siempre su turno, pero no para responder de inmediato a ella sino para levantar aquellas palabras que hizo de lado al presentarse. No veía razón alguna para enseñar un poco de sí mismo a medida que iba aprendiendo de su compañía durante la interacción; Era para él un intercambio justo y debido según había aprendido bajo la tutela de su padre en descanso.* -Llegué ayer. Y pronto deberé continuar.- * Cierto era que caminaba de un lugar a otro cuan nómada y era muy posible que ella no le volviera a ver de nuevo... Aunque su sabiduría le mostraba que muchas cosas no son ciertas más todo puede ser posible. Era no cerrarse ante las posibilidades y saber adaptarse a ellas para ser personas observadoras y críticas en sentido positivo. Un gran regalo que aprecia desde que le fue enseñado.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Mar Mayo 24, 2011 10:11 pm

A decir verdad la dama no esperaba respuesta del tipo que ella esperaba, mas cual fue su sorpresa al escuchar el nombre del sujeto que ahora había redireccionado su mirada a la de ella, encontrándose por segunda vez con una duración más larga y quizás algo más intensa que la primera vez que intercambiaban vistazos.

Está bien, Nick. Mi nombre es Eulalia, encantada de conocerte.

Dijo con un tono sereno y dulce, mostrando aquella sonrisa que sus labios aun no habían borrado. Se dio cuenta de que le estrechaba la mano como saludo, algo que tampoco esperaba pero que más que sorpresa la produjo satisfacción; por lo que con un gran agrado por lo que por ahora estaba ocurriendo decidió intercambiar aquel saludo, estrechándole su mano la cual era fina y delgada, además de suave, cosa que seguramente él notaría, y ella se quedaría encantada de ello, pues adoraba cuidarse minuciosamente y que los demás lo notasen, aunque nunca esperaba halagos de ello, ni mucho menos.

¿Tan pronto vienes como tan pronto te vas?

Su pregunta parecía ir dirigido más que de desconocida a desconocido, de una amiga de toda la vida a su colega de la misma que venía de viaje y volvía a desaparecer. Pero ella lo que quería dar a ver era su simpatía y su eterna curiosidad de gato que siempre la reconcomía por dentro.

El camarero miraba curioso y expectante, sin entender mucho la situación, pero pronto sus pensamientos emergieron de su mar de dudas para salir a la superficie y atender a aquella pareja cuarentona que pedía la carta, pues se había decidido ya comer algo. De vuelta a aquella mesa les dejó la carta, y antes de que pudiera dar media vuelta e irse de nuevo tras la barra donde la mayor parte del tiempo se pasaba, volvieron a llamarle para que les dijera el menú del día y tomar nota al fin, llevándoles la bebida tan rápido como le fue posible.

Eulalia no tuvo consciencia del tiempo, y aunque esperó la respuesta del joven miró inconscientemente su reloj de pulsera, observando lo tarde que se le había hecho desde que entró en el bar. Ya eran las 14.30 de la tarde.

¡Madre mía, pero que tarde que es!

Se llevó una mano a la boca para dar a ver más aun la cara de sorpresa que se le traía encima. La dama siempre fue muy expresiva en cuanto a sus emociones, por lo que se sabía perfectamente cuando le ocurría algo o no. De todos modos no quería marcharse de allí aun, pues no solo la curiosidad la invadían sino el saber de estar con una buena compañía.

Nick, siento interrumpir, pero ¿Te hace comer algo y me cuentas? Se que no nos conocemos de nada, pero de algo hay que empezar... Aunque si por el contrario tienes prisa, puedes marcharte.
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Mensaje por Nick Ming el Jue Mayo 26, 2011 5:22 pm

* El joven sabía expresar respeto y distancia con su expresión o sus acciones, pero también sabía sonreír y mostrarse gustoso cuando era de su agrado. Un nombre fuera de lo común eran de las cosas que despertaban su interés, y aquel nombre que la dama dijo que era el suyo parecía tener historia. Al hacer contacto con su mano la estrechó al principio con cuidado, pero luego con rapidez pero sin fuerza nociva le dio casi media vuelta a la muñeca ajena rozando la base de sus dedos con el pulgar y luego el resto de la palma en una ''caricia'' uniforme. Aquella ejecución simple no era por fetiche sino por leer algo en sus manos como lo suelen hacer los más sabios al conocer a alguien. La textura que encontró era bastante suave y bien cuidada sin ninguna irregularidad ni signos de resequedad por roce. Bastante agradable al tacto pero era una lástima saber que no podía sentirla en su totalidad gracias al opuesto terrible que tenía en las manos propias. Algunas cicatrices en nudillos y palmas que crecieron con él, una en la contrapalma y el resto ocultas bajo la manga. Tenía las palmas algo endurecidas pero elásticas a la vez permitiéndose empuñar distintas cosas y aferrarse de superficies distintas sin sufrir daños mayores... Solo era cuestión de adaptación de su actividad.*

* No había durado más de cinco segundos en aquella lectura táctil y la respuesta a su acotación de la cual no perdió tiempo en responder. Terminó de beber el agua que le quedaba, esta vez sin meditación profunda.* -Nunca se sabe cuándo hay que partir.- * En realidad no sabía en qué momento debía irse ni el tiempo que iba a quedarse, y por ello prefería sacar provecho de lo que pudiera mientras pudiera. El tiempo había ido muy a prisa para ella, sin embargo a él le sobraba el tiempo y no tenía búsquedas pendientes.* -Claro. ¿gustas de algún plato en especial? Si me permites algo de tu poco tiempo.- * Ciertamente ya conocía algo de ella en el tiempo que han estado interactuando y sería muy interesante continuar con ella. Se levantó de su lugar y se dispuso a ofrecer su mano con modestia cuan caballero invitando a la dama a acompañarle.* -Eliges la mesa, tu conoces mejor el lugar.-
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Vie Mayo 27, 2011 7:47 pm

No pensaba que el joven aceptaría la invitación, sorprendiéndola y dándola aun mayor agrado solo pudo sonreír, mas cuando el muchacho ofreció con gran cortesía la mano de ella para acompañarla a la mesa que ella eligiera, no pudo evitar reírse dulcemente y aceptar como si estuvieran a punto de dar comienzo un baile entre dama y caballero. Le daba bastante timidez, pero al fin y al cabo fue ella la que propuso la invitación.

Vayamos por aquí.

Dijo caminando por el bar-restaurante como si ella misma fuese la jefa o encargada del lugar, pero en verdad se sabía bastante bien éste. Se dirigieron a una puerta abierta al fondo, haciendo arco, y que al pasar por ésta a través de una cortina de cuentas de madera hueca pasaron a la zona del restaurante. Allí se exponían mejores mesas, y en comparación a la parte del bar el cuarto se mostraba muchísimo más limpio y bello.

Aquí está bien.

Comunicó soltando con suavidad y ligereza la mano del muchacho, tomando asiento en una de las mesas no del fondo pero sí que daban a la pared. Le gustaba siempre cenar o comer en sitios que dieran a la tapia del lugar, a excepción de los sitios externos, donde prefería una buena vista al jardín o al campo o donde estuviese situado. Ya sentados observó como Alberto, el camarero torpe, hacía pasar a la misma zona que ellos a la pareja cuarentona que antes hablaba y chismorreaba al fondo donde el bar; haciéndolos sentarse aun más al fondo, teniendo una vista panorámica de toda la sala, sobre todo de quien entraba y salía por la puerta, ¡vaya si eran gente cotilla! Al menos así pensó Eulalia, que escuchando las palabras de su nuevo acompañante hizo redirigir su mirada para ponerle a él la máxima atención. Pronto pasó Pepe con una sonrisa y dejó la carta sobre las mesas, primero la de ellos y luego los del fondo que aun no paraban de decidirse por qué tomar.

Pasados los minutos el camarero volvió para coger nota de sus pedidos.

Bueno, yo me decanto por la ensalada mediterránea y de beber agua.

Dijo sonriendo a Alberto, para luego esperar la respuesta de su acompañante. Esperando a que pidiera y después se marchara el otro para preguntarle, si es que quería responder si acaso, el por qué estaba allí si se iría tan rápido de la ciudad, la tenía intrigada aunque más era por la forma de ser del chico.
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Mensaje por Nick Ming el Mar Mayo 31, 2011 5:42 pm

* Con todo gusto se dispuso a seguirla muy bien guiado por su mano. Fue interesante ver lo que parecía un lugar secreto o de clientes de suma importancia; Era algo que al llegar allí se le pudo ocurrir. También le parecía muy bien el lugar y al ser liberado se mantuvo siguiéndola en paralelo a su ruta para adelantarse cuando eligió la mesa y el lugar. Con el adelantamiento expresaría cortesía nuevamente acomodando una silla para ella al sacarla de debajo de la mesa y luego de que ella tomara lugar lo haría él.*

* Con una sola mano y solo dos dedos sostenía la carta del menú observando sin cubrirse el rostro como lo suelen hacer otros comensales. Repasó los platillos solo por hobbie y sonrió al escuchar el sencillo pedido de Eulalia.* -Probaré el mismo pedido.- * No se tomó molestia en buscar algo diferente. Desde un principio su idea fue la de compartir lo mismo que ella buscando un mejor entendimiento de su gusto. No le dio mayor impostancia a la gente que pasaron de la otra zona al conjunto de mesas resguardado como si fuesen la sombra de los dos jovenes. Ya empezaba a parecerle sospechosa aquella actividad pero mantenía su perfil bajo mientras aguardaba el pedido.* -Has de trabajar cerca de aquí si frecuentas este lugar para comer. ¿Estoy en lo cierto?- * Sus palabras las dirigió con tranquilidad a su acompañante buscando saber un poco más y mantener el hilo de plática que se pausó por el cambio de mesas.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Lun Jun 06, 2011 10:25 pm

Off: siento la tardanza. No andaba de humor.

On:


Observó el pedido de él y no dudó en preguntarse a si misma si pidió lo mismo por comodidad, por probar nuevos alimentos o porque si simplemente, pero pronto ese fugaz destello en su cabeza desapareció cual mecha prendida por fuego cuando escuchó de nuevo la voz del muchacho al que invitaba a comer y del cual disfrutaba de su compañía. Al menos así hablarían de algo y a Eulalia no la importaba hablar de si misma, no al menos de cosas tan superficiales como las del trabajo o cosas por el estilo.

Es verdad que frecuento este bar-restaurante, y que trabajo a la vuelta de la esquina. Pero no suelo venir a comer muy a menudo, prefiero hacerlo en casa. Aunque a veces me lo permito, así como el venir a tomar una copita.

Soltó una pequeña risa y tras ello miró a aquella pareja de reojo, con cierto desinterés pero a su vez con una brizna de curiosidad. Era algo extraña pero a ella le parecía gente tan normal como las personas que pisan las aceras de las calles de la ciudad día a día y noche tras noche. Suspiró y miró un poco hacia el techo, allí se encontraban un par de lámparas de techo, de aquellas que parecían parte de la pared y no de las colgantes, ya que esas eran muy caras; pero al menos, éstas, daban la luz suficiente como para cuando se encendieran iluminasen la sala. Pronto su vista se dirigió a la de una camarera, una nueva que acababa de salir de la cocina y que entraba a partir de cierta hora a trabajar en el establecimiento. Llevaba dos copas más altas que las que estaban puestas de por si en la mesa, y una botella grande de agua de cristal de litro y medio. Sirvió el contenido en cada vaso de cristal y dejó el agua sobre la mesa a un lado para que no les estorbara. Eulalia dio las gracias y apoyó sus manos sobre la mesa, entrelazándolas entre sí; para después dedicar su atención a los ojos de él, sin borrar aquella mediana sonrisa a la que bautizaba ella como "sonrisa boba", pero que por desgracia permanecía siempre en ella impasible, como algo innato.

Y puedo saber, ¿Por qué si vienes te vas tan rápido? No es que tus asuntos sean de vital importancia para mi, pero es extraño. No pareces un mochilero...
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Mensaje por Nick Ming el Mar Jun 07, 2011 11:12 pm

* Le parecía muy interesante el simple hecho de que prefiriera comer en casa que afuera, decía un poco de ella en cuanto a hábito y dedicación.* -Me parece excelente. Si hubiera una próxima vez que sea en tu casa. Aún no tengo una.- * En gran parte era cierto lo que decía sobre no tener casa, se la pasaba viviendo como nómada de un sitio a otro por mantenerse en movimiento constantemente. Aguardó con paciencia la llegada del servicio sin hacer hincapié en ningún otro pensamiento de sí mismo, en cierto modo quería estar vacío de todas esas cosas en parte o todo el resto del tiempo que le tomara a aquella cita improvisada.* -Me conservo en movimiento. No suelo estar en un lugar fijo, nadie suele acostumbrarse a mi, ni siquiera los vecinos.-* Y no era mentira, ¿Quién viviría tranquilo sabiendo que tenía como vecino a un ninja asesino? Por eso nunca solía decirlo. Su acción siguiente después de que el agua fuese servida se alzó un poco de la silla para tener alcance hasta donde se encontraba su acompañante sin quitarle la vista de los ojos. Sus manos en obra independiente se extendieron para alcanzar una pequeña ración de la larga cabellera ajena acercándola un poco debajo del rostro propio e infundiendo su sentido del aroma que resguardaban aquellos hilos.*

* Después de eso había liberado el grupo de cabello y mantuvo su lugar relacionando la esencia con lo que veía en sus ojos y con lo que ella le había dado como datos de antemano. Lentamente volvió a su lugar como si de un sublime intercambio afectivo de pareja se tratara, pero aquello no era para nada relacionado con un momento así, solo era una manera de explorar sin palabras. Las esencias naturales aún estaban plasmadas en ella y era en aquella zona de su cuerpo donde duraba más tiempo aquel aroma a vida mixta, bastante surtida como para haber sido una estadía en el bosque... El único sitio donde plantas de varios tipos se encontrarían en un lugar estrecho podía ser una tienda naturista o un vivero.* -Trabajas con plantas. Me parece un mejor aroma el de la naturaleza suave que los perfumes con artificios molestos como el alcohol.- * Suaves palabras dedicó para ella como expresión de su disfrute en aquella acción que esperaba que no fuese tomada como una indiscreción descarada. Realmente el entorno había perdido importancia en el momento en que se infundió del perfume natural ajeno y ahora recobraba poco a poco el sentido de su alrededor. No tocó el copo de agua todavía.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Miér Jun 08, 2011 12:58 pm

No entendía bien la mirada ajena. Normalmente las personas, sobre todo dicen de las mujeres, que ver la mirada ajena hace descubrir cosas de la misma, con tal solo profundizar ahí, pero ella no comprendía nada del varón; estaba completamente confundida, seguía teniendo aquel aire extraño que ella sentía, aunque también podrían ser ideas suyas imaginarias y ser el otro una persona de lo más normal del mundo. Muchos cuentos de hadas, así fue como pensó ella para relajarse un poco más, aunque ella siempre infundía calma pues siempre se mostraba tranquila ante ella y ante todos.

Pensó en las palabras de él una vez más, era normal que no tuviera casa si tenía motivos para ello; y sobre estar en constante movimiento por la razón de que nadie se acostumbraba a él, ¿por qué no se acostumbraban a él? ¿Qué tenía de especial? Bien, por ahora su curiosidad avanzaba aunque con precaución, no quería parecer una entrometida en la vida ajena, pero era tan misterioso que no podía evitar intentar seguir con el tema. Mas cuando fue a inquirir en éste fue interrumpida por la acción ajena de tomar uno de sus ondulados cabellos de pelo anaranjado rojizo; pareciese que lo oliera como si fuese un sabueso detective... ¡vaya ideas que se le estaban formando en la cabeza de Eulalia! Pero lo más sorprendente fue cuando acertó en que ella trabajaba con hierbas y plantas naturales. Ahora entendía un poco que él indagaba sobre ella de una u otra manera, por extraña que fuera dentro del mundo social, en referencia a ésto sería porque una persona medianamente normal preguntaría, no se andaría por ramas superiores.

Yo prefiero los olores afrutados, más suaves y algo más empalagosos. El alcohol es muy fuerte para mi gusto, pero la gente tampoco entiende los míos. Supongo que se divide en eso, en la satisfacción de cada uno por cada distinto aroma.

Rió levemente para después mostrarse sonriente, ya que se había quedado un poco sería para si misma y no le gustaba mostrarse antipática porque ella no se veía así.

En efecto trabajo con plantas. Tengo un herbolario; todos son productos naturales, e incluso la mayoría los hago yo. Simplemente... me gusta.

No dijo nada más que eso, simplemente miró su vaso de cristal, observando con detenimiento y con algo de embobamiento el agua de su interior. Pensando en mil y una cosas a la vez, como por ejemplo y sin venir a cuento como la gente tomaba otro tipo de bebidas porque el agua lo veían como algo de sabor cero y de mal entrada al estómago; a ella le gustaba verla y observarla, e incluso así le entraban más ganas de beber o de irse a la playa, donde una vez vivió. Cuando recordó más cosas no quiso hacerlo, no al menos en esos momentos, por ello cogió la copa con sus finos dedos y se la llevó a los labios, tomando un par de tragos con suavidad, para luego volver a dejar el vaso sobre la mesa.

¿Tú trabajas de algo en estos momentos?

Se atrevió a preguntar para sacar ahora ella un tema, pues odiaba aquel silencio sepulcral que se había formado en un momento, a excepción de la charla que mantenía la otra pareja y las pisadas de una familia de tres que acababa de pasar a la sala: el padre, la madre, y un hijo de unos 12 años. Pero Eulalia había estado tan sumergida en una pompa donde se encontraba ella, la mesa, y el varón que la acompañaba que apenas se había dado cuenta del resto.
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Mensaje por Nick Ming el Miér Jun 15, 2011 6:25 pm

* Sus movimientos ''extraños'' que conllevaban a ''extraños'' métodos para recabar detalles causaban reacciones únicas en las distintas personas que tenían la oportunidad de ver dichas habilidades. Movimientos que eran demasiado finos para tratarse de un can detective al no ser inhalaciones fuertes ni constantes sino una muy sublime aspiración casi imperceptible. En un caso típico la reacción de una mujer corriente habría sido la duda seguida del rechazo y el mal entender de la acción, pero lo que hizo que intentara aquello con su acompañante es que sabía que no era alguien corriente y que en esa situación sería muy distinto e incluso podría obtener algo inesperado. Las palabras de Eulalia le confirmarían su visto y serían prueba de que su habilidad no estaba mal calibrada. Menos mal y la respuesta no fue una palmada en el rostro; Así no tiene necesidad de exponer sus afilados reflejos y su gran precisión.*

* Su mente ahora se puso un poco en lo que ella había forjado como oficio. Dedicarse a la vida silenciosa pero fructífera y próspera de las plantas. Los seres vegetales son un tipo de vida del que Ni-Yan y su padre Shi-Yan comprendieron y aprendieron muchas facultades como la concentración y la quietud sin dejar de vivir internamente. Su interés despertó mucho más de solo saber aquello, quizás supiera sobre hierbas asiáticas muy útiles.* -No tengo un empleo fijo. Suelo ayudar a quién necesite cargando y ordenando cosas. A veces he tenido que cortar césped y podar plantas y en otras lavar autos y locales.- * Comentó sin pena de sus oficios sencillos. Era cierto que no alcanzaban para una vida holgada pero eran muy útiles al infiltrarse porque en la sociedad el ser un mercenario o un cazador pagado no eran oficios aceptados por la ley.*

* Su diestra usó los dedos índice y medio como tijeras para sujetar la base fina de su propia copa sin levantarla de su sitio. Nueva gente ingresaba al lugar pero por lo que su sentido auditivo le informaba no eran personas peligrosas ni que levantaran sospechas. Siguió atento a Eulalia buscando en su mente un trozo más de hilo para continuar aquel encuentro.* -De algún modo la naturaleza también ha sido parte de mi aunque viva entre los artificios de la ciudad. Las semillas que crecen sobre la copa vuelven a caer hacia sus raíces.- * Una simple interpretación de un principio básico de reproducción autónoma. Y también un razonamiento de que las cosas que se distan mucho de su inicio siempre vuelven a su origen de alguna manera... Así mismo debía volver el servicio de mesa con los pedidos idénticos.*
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Mensaje por Eulalia Ulloa el Vie Jun 24, 2011 11:48 pm

Off: ¡Siento la tardanza, rayos! >.
On:
No solo era un hombre bastante misterioso, también le gustaba algo que en parte a ella -desde pequeña- la había fascinado, y sobre ésto se trataba la naturaleza, la vida de ésta y los ungüentos curativos que nos podía ofrecer. Aquella cita dicha por él era muy buena y le había gustado tanto que se la repitió a si misma en la cabeza para que se la quedase, para luego volver a casa y escribirlo en su block de notas.

Eulalia ya era una adulta hecha y derecha que no necesitaba de un diario adolescente para escribir sus pensamientos, sus sentimientos hacia otras personas o sus más personales secretos e intimidades; pero si se había hecho a mano una libreta de hojas recicladas, incluso la tapa de pasta no muy dura la había hecho ella buscando por internet en la biblioteca de la ciudad, además para quedar más decorativo la pintó con un estilo viejo tostado y con dibujos dorados para darle el toque apropiado, sumándole un par de hojas secas que colocó pegadas en la portada y en la contraportada. Ésto le servía para apuntar citas de lo que escuchaba de la gente por las calles, gente que le hablaba en la tienda, cosas que veía curiosas en los carteles de los barrios, e incluso frases dichas de películas cuando iba al cine. Y por eso, las memorizaba, para luego escribirlas allí y guardarlas como un tesoro y un gran recuerdo.

Eres una persona bastante interesante. Y te agradezco que aceptaras mi invitación, sino hubiese sido un día más.

Con un día más quería decir uno de aquellos días aburridos, sumida en la monotonía del día a día, y que aunque siempre terminaba haciendo cosas curiosas, era un día más o menos idéntico al anterior y seguramente al posterior. Siempre viendo a las mismas personas... Agradecía que la vida le demostrara que siempre tenía alguna que otra sorpresa para ella.

Aquí tienen. Que les aproveche.

Una voz femenina ajena interrumpió, aunque no mucho, pues ahora la dama se encontraba ciertamente callada y aunque eso no fuese inusual en ella, no quería molestar con su silencio a su acompañante.

La lechuga estaba fresca al igual que el resto de componentes de la ensalada: Algo de huevo duro, zanahoria rallada, algo de cebolla, tomates cherrys, pepino troceado, aceitunas verdes y pollo a la plancha, también troceado. Al ver tal manjar a Eulalia se le hacía la boca agua, pero no literalmente, pues no era un perro que babeaba por el primer trozo de carne que veía en el día. Cogió el tenedor y pinchó un poco de todo, o al menos eso intentó... vanamente.


Que aproveche Nick.
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